El caso del pato Merlín llegó al Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial después de que su popularidad creciera rápidamente durante el Mundial 2026. La mascota, identificada por aparecer con atuendos alusivos a la Selección Mexicana y volverse tendencia en redes sociales, comenzó a ser utilizada en publicaciones, productos, promociones y contenidos digitales, lo que llevó a sus dueños a buscar la protección formal de su nombre e imagen.

La controversia aumentó cuando se reportó que personas ajenas a la familia habían presentado solicitudes para registrar marcas relacionadas con el pato Merlín, incluso con fines comerciales y publicitarios. Ante ello, el IMPI confirmó que existen distintas solicitudes en revisión y que el procedimiento debe resolverse conforme a la normatividad vigente, sin que el trámite se considere concluido todavía.

Vidal Llerenas Morales, director del IMPI, señaló que en este caso se debe probar cómo se formó la marca y cuál es su origen, pero afirmó que no hay duda pública sobre la relación del personaje con la familia de Carla Ivette Gómez. Esta postura representa un respaldo importante para los dueños originales, aunque la resolución formal dependerá del análisis jurídico que realice el instituto durante el proceso.

El caso se ha convertido en un ejemplo de los nuevos retos que enfrentan los fenómenos virales en México. Cuando una imagen se vuelve popular en internet, también puede adquirir valor comercial, por lo que registrar marcas, nombres e identidad visual se vuelve fundamental para proteger a sus creadores o propietarios frente a usos indebidos.